Cada 17 de septiembre, Argentina conmemora el Día del Profesor en honor a José Manuel Estrada, quien falleció en esta fecha en 1894. Aunque su nombre no siempre está en el primer plano de la memoria colectiva, Estrada es una figura monumental en la historia educativa del país. Educador, pensador, historiador, periodista, académico y político, su influencia sigue presente en la educación argentina y su legado merece ser revisado y celebrado, especialmente en una época de significativos cambios.
José Manuel Estrada dedicó casi treinta años de su vida a la educación, y su pensamiento sigue siendo una fuente de reflexión y debate. Su obra más destacada, Memoria sobre la educación común en la Provincia de Buenos Aires, ofrece una visión profunda sobre la educación y sigue siendo relevante para el análisis de los desafíos educativos actuales. Estrada, a pesar de no tener un título profesional formal, se convirtió en decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, dictó cursos en la Facultad de Derecho y ocupó importantes cargos públicos en el área de educación. Su trayectoria demuestra que el verdadero conocimiento y la erudición trascienden los títulos académicos.
Estrada vivió en una época en la que la enseñanza laica, sancionada por el Congreso Pedagógico de 1882 y tratada en la Cámara de Diputados en 1883, estaba en plena consolidación. Afrontó un contexto de fuerte corriente anticatólica que buscaba imponerse en la educación. Desde la tribuna pública y el periodismo, y a través de sus cátedras, Estrada defendió una visión de educación que integraba principios liberales y católicos, buscando siempre el equilibrio entre la libertad y la educación.
Para Estrada, la educación no era simplemente una herramienta de instrucción, sino un medio para formar ciudadanos capaces de contribuir al progreso de la Nación. En sus palabras: “La educación del pueblo es la más noble y más fructífera tarea a que pudiera consagrarse la vida de un hombre, y principalmente la del ciudadano de un pueblo libre.” Su visión de la educación como un pilar moral fundamental subraya la importancia de una formación que no solo proporcione conocimientos prácticos, sino que también modele el carácter y la ética de los ciudadanos.
Estrada defendía que la educación y la libertad están íntimamente vinculadas. Para él, “no hay libertad posible sin educación, y a la inversa, no hay pueblo educado que tarde o temprano no adquiera la libertad.” Este pensamiento revela su convicción de que una sociedad educada es una sociedad libre, una verdad que sigue siendo relevante hoy en día.
El Día del Profesor es una ocasión para celebrar y reflexionar sobre la importancia de la educación en todos sus niveles, especialmente en los obligatorios. Es un momento para valorar el trabajo de los docentes que, al igual que Estrada, se dedican a formar a las nuevas generaciones. En un contexto actual en el que la educación enfrenta numerosos desafíos, es fundamental recordar que un pueblo educado es un pueblo libre y capaz de construir un futuro mejor.
En este día, debemos renovar nuestro compromiso con la educación y apoyar a quienes dedican su vida a esta noble tarea. Al hacerlo, honramos el legado de José Manuel Estrada y reafirmamos nuestra convicción en el poder transformador de la educación.
