La inflación de noviembre sorprendió con un aumento de solo 2,4%, el menor desde julio de 2020. Aunque por debajo de las previsiones, que rondaban el 2,8%, el dato refleja una desaceleración en los precios, especialmente en alimentos, que subieron apenas un 0,9%. Sin embargo, la inflación interanual acumula un 166%, dejando claro que aún persisten presiones sobre el poder adquisitivo.

El rubro educativo y los servicios públicos marcaron los mayores aumentos, mientras que el costo de los alimentos moderó su ascenso gracias a una caída en los precios de las verduras. Aunque algunos analistas proyectan que la inflación de diciembre podría acercarse nuevamente al 3%, las expectativas para 2025 siguen siendo inciertas.
La clave detrás de este retroceso se encuentra en el ajuste fiscal y la estabilidad cambiaria, que han logrado controlar las subas más impulsivas. Sin embargo, la recuperación económica sigue siendo un desafío, y el impacto de los ajustes estacionales podría volver a poner a prueba la tendencia a la baja.
