Mientras el invierno se cierne sobre Salta, un rayo de esperanza brilla en el ámbito de la salud pública: el Profilaxis Post Exposición (PEP). Este tratamiento, crucial para prevenir la transmisión del VIH, se convierte en un salvavidas en situaciones de alto riesgo. Cada mes, se distribuyen 30 kits de PEP en la provincia, destinados a proteger a aquellos que han estado expuestos al virus en circunstancias críticas. Pero, ¿qué implica realmente el PEP, y cómo se implementa en la realidad salteña?
El PEP es un tratamiento de emergencia destinado a personas que han estado expuestas al virus del VIH, ya sea por accidente laboral, exposición durante una relación sexual sin protección o situaciones de abuso sexual. Este combo de medicamentos debe ser administrado dentro de las 72 horas posteriores a la exposición para ser efectivo. Laura Caporaletti, jefa del Programa de VIH, ITS y Hepatitis Virales del Ministerio de Salud de Salta, explica que esta medida preventiva está en marcha desde hace más de una década, con una resolución actualizada en 2019 que la alinea con los estándares de derechos humanos y ética.

El PEP se encuentra disponible en todas las guardias de los hospitales de Salta, abordando tres situaciones específicas: accidentes laborales en el personal de salud y seguridad, exposiciones de riesgo en relaciones sexuales sin protección, y casos de abuso sexual. En cada uno de estos escenarios, el tratamiento se administra rápidamente para minimizar el riesgo de infección.
La demanda de PEP revela un patrón claro: la mayoría de los solicitantes tienen entre 18 y 35 años, con una notable prevalencia de casos relacionados con relaciones sexuales sin protección y, en menor medida, abuso sexual. En estos casos, además del tratamiento para el VIH, se administran medicaciones adicionales para otras enfermedades potencialmente transmitidas.
La accesibilidad del PEP es crucial. Aunque se distribuye exclusivamente en hospitales públicos, el proceso es relativamente simple. La medicación no está disponible en farmacias privadas ni en el mercado libre, y su obtención requiere un encargo específico debido a su naturaleza especializada.
Los procedimientos no terminan con la administración del PEP. Tras el tratamiento, los pacientes deben someterse a análisis de seguimiento y serologías para garantizar la ausencia de infecciones previas y evaluar la efectividad del tratamiento. En el caso de los abusos sexuales, se implementa un apoyo integral que incluye contención psicológica y social. Es importante destacar que, a pesar de que no se requiere una denuncia policial para iniciar el PEP, el personal médico tiene la obligación de reportar el abuso.
Caporaletti subraya la importancia de la rapidez en la aplicación del PEP, especialmente para los menores de edad, quienes también pueden recibir el tratamiento adaptado a su edad, como jarabes para los más pequeños. La situación es preocupante, con casos de niños de tan solo 5 años recibiendo este tratamiento vital.
Además, la educación sobre el uso de preservativos sigue siendo una prioridad. A pesar de la escasez de dispensadores de preservativos en las salitas, el programa asegura que se distribuyan adecuadamente entre pacientes con VIH y sus parejas.
En resumen, el PEP en Salta no solo es una herramienta de prevención post-exposición, sino un reflejo de la lucha continua por la salud pública en la provincia, enfrentando desafíos desde la provisión de medicamentos hasta el acceso equitativo y el apoyo integral a quienes más lo necesitan.
