En un acto cargado de tensión y simbolismo, el Papa Francisco alzó la voz contra el gobierno de Javier Milei, cuestionando la violencia policial que reprime a quienes se manifiestan por sus derechos. Ante un público compuesto por movimientos sociales y la presencia del activista Juan Grabois, el Sumo Pontífice no escatimó en críticas a la administración, que, bajo la dirección de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha utilizado la represión como respuesta a las demandas populares.
“Me hicieron ver un filmado de una represión de hace una semana. Obreros, gente que pedía por sus derechos, y la policía respondía con gas pimienta de primera calidad. No tenían derecho a reclamar lo suyo, porque eran considerados revoltosos, comunistas”, comentó el Papa, dejando claro que la postura del Gobierno refleja una elección deliberada: “El Gobierno se puso firme: en vez de pagar la justicia social, pagó el gas pimienta, le convenía. Ténganlo en cuenta”.

Francisco advirtió sobre los peligros de la indiferencia: “Mirar desde lejos, con desprecio y odio, así se gesta la violencia. El silencio de la indiferencia habilita el rugido del odio”. Sus palabras resonaron tras la violenta represión en una movilización que rechazaba el veto presidencial a la actualización de los haberes jubilatorios, un episodio que no pasó desapercibido.
A pesar de que Milei ha calificado la justicia social como “aberrante”, el Papa pidió orar por “la verdadera justicia social”. En un momento de su discurso, relató un caso de corrupción que lo inquieta, donde un funcionario del Gobierno intentó extorsionar a un emprendedor. “El diablo entra por el bolsillo, no se olviden”, agregó, enfatizando la gravedad de la situación.
En un tono más reflexivo, el Papa instó a preservar la memoria histórica y a no olvidar las atrocidades cometidas por figuras veneradas como Julio Argentino Roca. “Recordemos que Roca les cortó la cabeza a los aborígenes, una cosa vergonzosa”, dijo, subrayando la necesidad de reconocer el pasado.
Dirigiéndose a líderes de movimientos sociales de América Latina, África, Asia y Europa, Francisco les pidió que sean guardianes de la justicia: “No se entreguen a los cocodrilos, no se arrodillen ante la estatua de oro por miedo al horno”. Instó a combatir la economía criminal con la economía popular y a luchar contra el narcotráfico, la trata de personas y la violencia en los barrios.
El Papa también criticó abiertamente el sistema capitalista y su desigualdad: “Es inmoral que un sistema permita amasar fortunas ridículas, debemos notificarlo y exigir más impuestos a los billonarios”. Aclaró que su mensaje es de inclusión: “Cuando hablo, lo hago para todos, pero no puedo sustraerme de la centralidad de los pobres en el Evangelio. No es comunismo, es el Evangelio puro”.
En un emotivo cierre, el Papa dirigió su mensaje a “los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos”: “El futuro de la humanidad está en sus manos. Les invito a construir una alternativa humana a la globalización excluyente. No se achiquen”.
