En un barrio tranquilo de Salta, la noche del domingo 28 de julio se vio alterada por un incidente que reveló la cara más oscura de la autoridad. En las cercanías de la Plaza Árabe de Tres Cerritos, un agente de tránsito fue acusado de corrupción por un automovilista indignado.
El relato del afectado pinta un cuadro de abuso de poder y chantaje. Mientras conducía con su esposa, se topó con un control rutinario que rápidamente se convirtió en una extorsión encubierta. El motivo inicial fue trivial: la falta de una chapa patente delantera en su vehículo. Tras explicar su situación, uno de los agentes supuestamente propuso una solución rápida y costosa: el pago de una suma de dinero para evitar mayores complicaciones.
Movido por la incomodidad y la injusticia, el conductor accedió a la exigencia y entregó el dinero solicitado. Sin embargo, al regresar a casa, su conciencia le pesó y decidió actuar. Volvió al lugar del incidente acompañado de un amigo, armado con una cámara. Esta vez, su objetivo era claro: recuperar lo que legítimamente le pertenecía y documentar el momento crucial.
El resultado de este segundo encuentro fue revelador. La filmación capturó al agente reconociendo su delito y devolviendo solo una fracción del dinero extorsionado. Este material crucial sirvió como evidencia en manos del fiscal penal interino Santiago López Soto, quien procedió a imputar provisionalmente al agente de 48 años por el delito de cohecho.
Este incidente no solo ha sacudido la confianza en la autoridad local, sino que también resalta la importancia de la vigilancia ciudadana y la transparencia en las operaciones de las fuerzas de seguridad.
