El gobierno de Luis Arce declaró emergencia nacional y prepara medidas de apoyo mientras se intensifican los pronósticos de nuevas lluvias.
Las lluvias torrenciales que azotan Bolivia desde finales de noviembre han dejado un panorama devastador. Con 51 muertos confirmados y más de 368.000 familias damnificadas, el presidente Luis Arce declaró este miércoles la emergencia nacional, una medida necesaria para atender la magnitud de los desastres que afectan al país. El gobierno buscará gestionar recursos internacionales, incluidos 75 millones de dólares de la Corporación Andina de Fomento (CAF), para enfrentar la crisis.

Las consecuencias del fenómeno climático, que no se había visto en más de cuatro décadas, incluyen inundaciones, deslizamientos de tierra y desbordes de ríos que han impactado a 99 municipios de los nueve departamentos. En el área rural, los daños a la agricultura son irreparables, y en las zonas urbanas, la falta de planificación urbana ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de la población frente a este tipo de desastres.
El gobierno no solo está buscando financiamiento externo, sino también movilizando más de 4000 militares y enviando ayuda humanitaria a las áreas más afectadas. El pronóstico del Servicio Nacional de Meteorología advierte que las lluvias continuarán hasta la primera semana de abril, lo que agrava aún más la situación.
